Libro de kung-fu

Escrito por alesgar el September 14th, 2009

Me encerré en mi habitación lleno de rabia. Casi no podía contener mis lágrimas. Rebusqué bajo mi colchón y saqué mi pequeño tesoro. El libro con las posturas de kung-fu que me encontré en la calle. Lo abrí por la página de un nuevo ejercicio y lo practiqué un poco, listo para añadirlo a mi coreografía.

Posición inicial… aparto golpe, puñetazo, giro sobre mi mismo… aparto un golpe, con una muñeca, con la otra, empujón al frente con las dos manos… media vuelta y patada frontal… media vuelta y palma arriba, aparto y acompaño el movimiento de lado con un golpe… y vuelta a empezar.

Posición inicial… Me lo encontré en la calle. Fue algo fortuito, pero pienso que el destino tuvo algo que ver. De algun modo, quizá estaba destinado a poseerlo, aunque alguien le había arrancado numerosas páginas y rallado tantas otras. Me otorgaría poder para derrotar a mis enemigos. Y yo usaría ese poder para defender a los débiles… movimiento de lado con un golpe… y vuelta a empezar.

Posición inicial… Los brutos de mi clase habían vuelto a meterse conmigo. Pero esta vez todo sería distinto. Les podía ver, podía ver como se habían burlado hoy de mi corte de pelo, de mis gafas… media vuelta y palma arriba… deseaba poder darles una lección, pero eran tres y de un curso más que yo… golpe… y vuelta a empezar.

Posición inicial… Se acercaba para darme una colleja, aparto su mano y le asesto un golpe que le coge desprevenido, se cae hacia atrás y giro sobre mi mismo. Sus amigos reaccionan, aparto sus golpes, con mis manos, movimientos fluidos, encuentro un hueco y empujo a uno con las dos manos, derribándole y haciendo que caiga de espaldas a más de un metro de distancia. Doy media vuelta, el primero se ha levantado pero antes de que haga nada le asesto una patada frontal que le derriba. De nuevo media vuelta y al que queda en pie le aparto el golpe, se trastabilla hacia mi y le acompaño con todo mi cuerpo para golpearle…

Y vuelta a empezar.

El verano más largo

Escrito por alesgar el September 1st, 2009

Me desperté temprano por el ruido de las obras. Noté como todo mi cuerpo se resentía por el cansancio y se hizo realidad aquello de “se te han pegado las sábanas”, la cama tiraba de mi hacia si misma. Estas eran mis vacaciones. Las ventanas abiertas a causa del calor hacían que el ruido de las máquinas trabajando cerca de mi edificio fuera aquel con el que me despertaba cada mañana ahora en verano, sustituyendo al despertador del resto del año.

Conseguí abrir un ojo cuyos párpados estaban pegados, resistiéndose a mirar. Pero miré, me giré y vi su lado de la cama vacío. Me incorporé y mis pies buscaron las zapatillas de casa torpemente. El suelo estaba frío, pero no lo suficiente. Tenía la cara empapada en sudor. Había vuelto a soñar con ella. Quien me diría que agradecería estas malditas obras, el “pipipi” de las máquinas excavadoras al dar marcha atrás, el desagradable chasquido de los soldadores. Mi tortura, mi bendición.

Volví a soñar con ella, persiguiéndola, corriendo. Me lavé la cara, el agua del grifo salía caliente. Meé y me pesé. Había engordado. Tuve que esforzarme en verlo, mi vista seguía entelada.  Volví a lavarme la cara y me enjuagué la boca. Me dirigí tambaleante al sofá del comedor, me armé con el mando a distancia y encendí la tele y el ventilador. Me escocían los ojos y las obras apenas me dejaban escuchar la tele. La miraba sin verla.

Pasarían las horas. Los músculos entumecidos por la falta de actividad y las horas de descanso perdidas.

Aún la quiero. La he perdido pero aún la quiero.

Nuevo cielo

Escrito por alesgar el May 20th, 2009

El cielo es algo maravilloso, misterioso. Es el reflejo del pasado, historia contada no por libros sino por luces. Esas estrellas lucen como lucían hace decenas, centenares e incluso miles de años. Pero quién sabe que historias nos contarían si las pudiesemos ver ahora. Seguro que algunas han desaparecido, otras han crecido o se han cambiado de vestido a un tono más rojizo. El rojo es un bonito color para una estrella.

El otro día vi con sobresalto como dos mundos se acercaban el uno al otro atraídos con fuerza, cayendo a gran velocidad el uno sobre el otro. Habia vida, habia historia, habia magia en esos planetas. Si uno los miraba de cerca veia cuentos, dibujos en blanco y negro, relojes de arena, sillones orejeros, dragones, un guerrero portando una espada oxidada. Si alguien los observaba realmente de cerca veía grandes extensiones de praderas por las que correr durante vidas enteras. Árboles de muchos colores, mariposas bailarinas, magos y princesas. Una habitación, forradas sus paredes con papel de pared de cuadros verdes y sobre ellas pinturas y fotos colgadas. Papeles ligeramente desordenados y dos sillones, dos cafés calientes, un trozo de tarta y libros de misterio y fantasía. Un gran desorden ligeramente ordenado, equilibrado de alguna forma en cada uno de los mundos.

“¡Qué tragedia!”, pensé. Pero algo pasó, estaba equivocado. El destino no les acercaba para destruirse mutuamente. Se fusionaron. En el momento en el que la física dictaría una destructiva explosión de escombros, los planetas se encontraron para fundirse como dos gotas de agua, como dos pompas de jabón. Y el mundo que surgió era más grande y más vivo. Praderas verdes, mariposas, dragones, guerreros y sillones orejeros.

Pero esta vez los sillones estaban ocupados. Un sorbo de café, una sonrisa pícara. Dos mundos y solo uno.

Que bello es el cielo si se sabe dónde mirar.